“LOW COST” O EL DESCUBRIMIENTO DE LA SOPA DE AJO

Estos días en los que vivimos desbordados de tantas explicaciones que intentan dar luz al trágico accidente del avión de la Germanwings, no son pocos los rumores que apuntan a la existencia de problemas laborales como origen a la numerosa cancelación de vuelos de la compañía después del siniestro. Las compañías aéreas “low cost” se han erigido como un auténtico fenómeno de masas y han situado a tiro de piedra muchos destinos inalcanzables para la mayoría de la sociedad, e incluso han colaborado a disminuir sustancialmente las enormes cuentas de gastos de representación y dietas de viaje de las empresas.

Aún así y sin negar los efectos positivos del fenómeno, es necesario apartar esa cortina de ventajas para poder entrever una filosofía empresarial que, traspasado el ramo aeronáutico, está poniendo en jaque las condiciones laborales y salariales de una gran parte de la población laboral.

Detrás de la lógica sospecha de que los costes bajos de viajar pueden entrañar condiciones de seguridad más precarias y, concediendo el beneficio de la duda al respecto, es innegable que otras partidas contables del balance deben ceder a la baja de forma ineludible si pretendemos cuadrar los números. Todos recordamos el conflicto de “Vueling” por la diferencia de condiciones laborales de la plantilla respecto las de su matriz “Iberia”. Es un hecho que muchos grupos de empresas de todos los sectores consideran que la creación de empresas filiales para la externalización de servicios estratégicos o complementarios al principal, constituye la forma más sencilla de “saltar la valla” de la que denominan “rigidez del mercado de trabajo” y escaparse a condiciones laborales fijadas en convenios colectivos o pactos de empresa que durante años han procurado evolucionar y mejorar las condiciones sociales y salariales de las plantillas. Pagas extraordinarias, trienios, ayudas por hijos, por estudios, complementos funcionales o bonus por objetivos, son conceptos que las empresas consideran que encarecen la nómina y que son salvables traspasando partes del negocio a empresas externas situadas en convenios colectivos residuales o de “cajón de sastre” como es en este país el de “Oficinas y despachos”, que sitúan al trabajador a mínimos de lo establecido en el Estatuto de los Trabajadores de forma que pueden llegar a disminuir los costes salariales hasta un 70% respecto los de la matriz.

Este modelo de gestión, además, se aplica a veces de forma torticera y se transforma en un modelo de cesión de trabajadores entre empresas como si de una  ETT se tratara o simplemente en fraude sin más (art.43 ET) y con un total sentimiento de impunidad porque saben que ningún trabajador que quiera conservar su puesto de trabajo se atreverá a denunciar esta situación deplorable. Ante esto podríamos pensar que quedaría en manos de los sindicatos denunciar esta tan repetida conducta empresarial, pero actualmente se me antoja complicado, los sindicatos viven momentos difíciles, superados por las circunstancias, dentro y fuera de casa, y se suben al carro de que vivimos tiempos difíciles para llevar su nivel de permisividad hasta puntos de difícil aceptación, pero eso es materia de otro capítulo.

Hecha la foto, solamente cabe meditar si un trabajador contratado por la filial de una multinacional, que cobra un 60% menos que su homólogo en la matriz, que no tiene posibilidades de promoción profesional porque la filial es de pequeño tamaño, que no tiene los beneficios sociales de la plantilla de la matriz ( Ayudas, cheques comida, días de permiso retribuidos, rentas en especie etc.) y que se sabe conocedor de que trabaja en una empresa instrumental que puede ser vendida o liquidada en cualquier momento, dispondrá de la motivación e implicación que se requiere para ser productivos y competitivos, a mí me da que no, pero lo peor es que el que decide estas estrategias de gestión de personas en fraude de ley gana millones por hacerlo sin titubear y eso no me lleva a pensar en una crisis económica sino en una crisis social que puede verse agudizada sin remedio si nuestros legisladores no ponen remedio.

Toni Grangé

Abogado

@tonignk